31 octubre 2008

Así suena Ut queant laxis

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¿Qué nota musical tienes en mente?


Es muy posible que la historia de las notas musicales se remonte casi al origen mismo del lenguaje humano.

Toda la música que existe se encuentra compuesta por unidades individuales de sonido que se caracterizan por una frecuencia determinada. La música no es otra cosa que la combinación en el tiempo de una gran cantidad de sonidos.

Como ha sucedido con la escritura, muy pronto surgió la necesidad de escribir la música para que pudiera ser recordada, transmitida y producida por otros. Una nota musical es por lo tanto el símbolo que nos remite a un sonido dentro de una composición musical.

El canto gregoriano o canto llano, de origen romano, es el canto oficial de la liturgia usado en la iglesia católica. Se desarrolló en la alta Edad Media y es una de las más elevadas formas de música religiosa que se conocen. Este canto se atribuye a San Gregorio Magno. Después de que su forma fuera establecida por el Papa Gregorio I a finales del siglo VI, se reformó a inicios del siglo XVII y una vez más a finales del XIX, antes de que el Papa Pío X decretara en 1903 la vuelta a las fuentes más primitivas de que se dispusiera. La labor de estudiar y recuperar estas fuentes fue llevada a cabo por un grupo de monjes benedictinos de la abadía Solesmes, en Francia.

Los cantos gregorianos se cantaban a capella, sin acompañamiento instrumental, mientras que la mayoría de los cantos profanos iban siempre acompañados por algún instrumento.

La mayoría de las notaciones musicales conocidas tuvieron su origen en las letras de los diferentes alfabetos y en los acentos gramaticales.

En el sistema musical occidental existen 7 notas musicales. Estas son: la - si - do - re - mi - fa - sol.

Aunque popularmente se cree que las notas se empiezan a contar por do, esto no es del todo correcto. Lo que empieza por do es la escala diatónica (o mayor) que es considerada la escala "madre". El verdadero orden natural de las notas empieza por lo que se llama el la central que tiene una frecuencia de onda de 440Hz, frecuencia que fue establecida por ultima vez en el siglo XVIII.
Estas 7 notas existen en todos los instrumentos occidentales.

Fue el monje Güido D'Arezzo —considerado el padre de la notación musical— quien elaboró una aproximación a la notación actual, al asignar nombres a las notas —excepto a la séptima nota, si, que entonces era considerada un tono diabólico (diábulus in música)— el llamado “hexacordo”, que correspondería a nuestra octava actual, utilizando para ello las sílabas iniciales de los versos del célebre himno en latín dedicado a San Juan Bautista Ut queant laxis Resonare fibris y desarrollar la notación dentro de un patrón de cuatro líneas (tetragrama), y no una sobre una sola linea como se venía haciendo. Güido también impulsó la enseñanza del canto, así como un tímido inicio de polifonía mediante el uso de las armonías básicas. Estudió en el monocordio inventado por Pitágoras.

Este himno dedicado a San Juan Bautista, denominado "Ut queant laxix" del monje benedictino friulano Pablo el Diácono tenía la particularidad de que cada frase musical empezaba con una nota superior a la que antecedía:

Ut queant laxix
Resonare fibris
Mire gestorum
Famuli toutum
Solve polluti
Labili reatum
Sancte Ioanes.

Su traducción es:

Para que
puedan cantar
de los milagros
los siervos tuyos
a pleno pulmón
San Juan
disuelve los pecados
labios impuros

Mucho más tarde, a finales del siglo XVI, fue redescubierta por Anselmo de Flandes la séptima nota, que recibió el nombre de si (de Sancte Ioannes, o San Juan), y en el siglo XVII el francés Giovan Battista Doni cambió el nombre de la nota ut dificil de pronunciar en el solfeo y ut se convirtio en do, que es la primer sílaba de su apellido Doni o por dominus (Señor). En Francia se sigue utilizando la nota ut, aunque para el solfeo se usa el monosílabo "do" para evitar la complejidad que provoca la letra "t".

También se añadió una quinta línea a las cuatro que se utilizaban para escribir música, llegando a la forma en que hoy lo conocemos, llamada pentagrama.

En occidente las notas se hallan en relación de tonos y semitonos. En Oriente en cambio existen espacios sonoros más pequeños que los semitonos, llamados microtonos y que a nuestros oídos, es muy difícil de detectar. En India, las notas (swara) se llaman sa, re, ga, ma, pa, da y ni.

En el sistema musical occidental el semitono es la menor distancia sonora existente entre dos notas. En la guitarra equivale a la distancia que hay entre un traste y el siguiente o anterior. El tono equivale a dos semitonos.

Guido de Arezzo (Guido d’Arezzo, en italiano) fue un monje benedictino, que nació en Arezzo (Toscana) entre 991 y 995 y falleció en Avellano después del año 1033. También era conocido como Güido Aretinus o Güido Mónaco (el monje Guido).

Su obra Micrologus fue el segundo tratado sobre música con mayor difusión en la Edad Media. Güido pasó sus primeros años de estudio en la abadía de Pomposa, en la costa adriática, cerca de Ferrara. Durante su estancia Güido se percató de la dificultad de los cantantes para recordar los cantos gregorianos, e inventó un método para enseñar a los cantantes a aprender los cantos en poco tiempo. Este método pronto se hizo famoso en todo el norte de Italia. Pronto se vio obligado a marcharse a Arezzo, ciudad que no contaba con abadía, pero sí con un numeroso grupo de cantantes con falta de aprendizaje.

Fue en su estancia en Arezzo, que Güido desarrolló las nuevas técnicas de enseñanza, incluyendo el tetragrama (tetra = cuatro), precursor del pentagrama (penta = cinco) griego, y la escala diatónica.

Como hemos dicho, Guido de Arezzo es también el responsable de los nombres de las notas musicales: en la Edad Media, las notas se denominaban por medio de las primeras letras del alfabeto: A, B, C, D, E, F, G (comenzando por la actual nota la).
Güido de Arezzo denominó a su nuevo sistema de entonación "solmización", y más tarde, "solfeo". Los países donde no llegaron los músicos latinos siguieron con el antiguo sistema de las letras del alfabeto, tal es el caso de los países anglosajones, Alemania, los países escandinavos, etc.

Inicialmente la notación musical servía como ayuda a la memoria para quien ya tenía una idea acerca de cómo debía sonar. No se pretendía que la notación fuera "científicamente" precisa. El concepto de que se puede cantar una melodía solo leyendo correctamente la música (sin necesidad de haberla escuchado anteriormente) es algo relativamente muy nuevo.

Por otra parte, se trataba de una notación cuya finalidad era más la de indicar el carácter expresivo para resaltar las sutilezas de la expresión vocal que la de indicar la altura de las notas melódicas.
El tetragrama —cuatro líneas— de Güido constaba de una línea amarilla sería ut (posteriormente se convirtió en do) y una línea roja indicaría fa; esto daría origen más tarde a la noción de las claves.

Ya en el Renacimiento, para Leonardo Da Vinci, que tocó todas las ramas del arte, las preferidas fueron siempre la música y la pintura, a las que consideraba “hermanas”. Se sabe que entre sus libros preferidos estaba “El Arte de la Música”, el tratado escrito hacia el año 1025 por Güido d’Arezzo.

Como había recogido Güido d’Arezzo en sus obras, la correspondencia entre longitud e intervalo musical es básica, como ya había consignado el filósofo griego Pitágoras que fue quien tradujo a notas musicales las diferentes longitudes de una cuerda en su monocordio, estableciendo las armonías de las leyes matemáticas y las proporciones por las que se ha regido nuestra música occidental, y haciendo que la música fuera para la cultura griega la esencia de la filosofía. Así la entendió Leonardo y así la habían entendido los grandes sabios de Egipto, de cuya cultura bebieron los griegos.

Decía Ficino, un importante estudioso y filósofo renacentista, en una carta a su amigo Francesco Musano: No te sorprendas, Francesco, de que combinemos la medicina y la lira con el estudio de la teología. (...) El cuerpo es en verdad curado por los remedios de la medicina, pero el alma, que es vapor aéreo de la sangre y ligamen entre cuerpo y espíritu, se templa y alimenta por olores, sonidos y canción. (...) Para los sacerdotes egipcios, medicina, música y misterios eran uno y el mismo estudio. ¡Ojalá pudiéramos dominar este arte natural egipcio con tanto éxito como tesón ponemos en ello!

Fuentes
http://es.wikipedia.org/wiki/Benedictino
http://html.rincondelvago.com/canto-gregoriano_6.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Guido_de_Arezzo
http://interletras.com/canticum/notacion.html
http://www.elmundo.es/ladh/numero42/silos.html
http://bitakora.arrosasarea.org/page/21/
http://www.mejodes.com/2008/05/la-historia-de-las-notas-musicales.html
http://teoriadelamusica.blogspot.com/2006/05/las-notas-musicales.html
http://www.ethernaldark.net/Foro/showthread.php?t=4109
http://es.wikipedia.org/wiki/Nota_musical
http://www.mailxmail.com/curso/vida/
http://www.laserena.nueva-acropolis.cl/index.php?Itemid=55&id=56&option=com_content&task=view
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30 octubre 2008

De revistas, chistes y colmos


Mi hija ha entrado en la etapa de comprarse revistas. De pequeña yo también compraba revistas, bueno, me llegaban a mi casa todos los sábados o domingos. Compraba la revista Billiken que traía sobre todo material escolar pero presentado en forma de comic o viñetas, y entretenimientos. Me las zampaba, claro.
Ahora mi hija compra la revista SuperPop y me lee los chistes. Os cuento algunos de los chistes:

Papá piojo y su hijo estaban paseando por la cabeza de un calvo:
- ¡Sabes, hijo mío, cuando yo era joven esto fue un hermoso bosque!

Un lepero le manda un telegrama a su madre y le dice:
- Perdí el tren, salgo mañana a la misma hora.
La madre rápidamente le contesta:
- No salgas a la misma hora porque vas a volver a perder el tren.

-¿Sabes cómo los leperos hacen su carrera universitaria?
- No, ¿cómo?
- Corriendo alrededor de las universidades.

- ¿A que no sabes en qué se parecen un elefante y una cama?
- No.
- En que el elefante es un paquidermo y la cama paquiduermas.

¿Cuál es el colmo de una modista?
Que su hijo sea botones.
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29 octubre 2008

Hacer sellos: tu taller de linotipista


Esto no puedes perdértelo. Entrando en esta página accedes a un precioso taller de linotipista en el que podrás hacer tus propios sellos. Puedes escoger el sello que más te guste, luego el color y pasar el rodillo por la plancha. Luego vuelves a colocar el rodillo en su lugar y eliges color de papel. Clicas en la plancha y ya tienes tu estampa. ¡Es muy sencillo!
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Aplausos, por favor

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El patito feo y todos nuestros monstruos

Todos hemos leído El patito feo de Hans Christian Andersen, y nos hemos identificado con él. Cisne, en realidad, criado por una pata muy cariñosa y despreciado por sus hermanastros los patos, el patito feo conquista enseguida nuestro corazón.
No es porque pronto se festeje Halloween (yo personalmente no lo festejo), que me ha surgido la idea de hablar de ciertos personajes algunas veces verdaderamente monstruosos de la vida real y de la literatura de ficción que mucho más que el patito feo nos resultan siniestros y horripilantes y sin embargo entrañables.
Hay quien dice que lo siniestro nos atrae pero también que tendemos a identificarnos con los más débiles.
Pero lo cierto es que todos sabemos que, o bien las apariencias engañan, o bien que no engañan. La fealdad exterior a veces, no siempre, desde luego, puede ser el reflejo de una gran belleza interior. Pero hubo (y sigue habiendo) quienes en cambio creyeron y afirmaron sin basarse en nada que la fealdad exterior o la mera diferencia, eran signo de maldad infinita, enfermedad mental y delincuencia.

En fin.

Los monstruos o feos por excelencia de la literatura, a veces basada en la vida de personajes reales, son sin lugar a dudas, Cyrano de Bergerac, personaje que vivió de verdad, Quasimodo o el jorobado de Notredame, Frankenstein, el Hombre Elefante, que también vivió de verdad, y Shrek. Y si queremos más, también tenemos a los antihéroes del cine, que sin ser monstruosos no son precisamente príncipes azules, pero nos enamoran, como Woody Allen y Charles Chaplin y algunos otros que ahora no se me vienen a la cabeza, aunque hay muchos.

Inspirado libremente en la vida de Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac (6 de marzo de 1619 París- 28 de julio de 1655), un excéntrico poeta, escritor y filósofo francés del siglo xvii, Edmond Rostand compuso un romántico drama que obtuvo en su estreno en 1897 un éxito clamoroso. El protagonista, espadachín terrible, polemista violento, brillantemente locuaz pero célebre sobre todo por su desproporcionada nariz, ama desesperadamente pero en secreto a su prima Roxana, que, a su vez, está enamorada de Christian, un atractivo cadete poco inspirado que logra que Cyrano sea quien escriba las maravillosas cartas de amor que él, el joven cadete, enviará a la joven. Sólo mucho después de la muerte de Christian, Roxana descubrirá la verdad...

Nuestra Señora de París es una novela del famoso escritor francés Victor Hugo, escrita en 1831 y que se centra en la desdichada historia de Esmeralda, una gitana, y Quasimodo, un jorobado sordo, en el París del siglo XV.
La novela se inicia con unas celebraciones populares, con motivo de la epifanía de 1482 en el Palacio de Justicia. Los personajes son: Esmeralda, la bailarina gitana, Quasimodo, un deforme y feo jorobado que se encarga de las campanas de la Catedral de Notre Dame, el archidiácono Claude Frollo, padre adoptivo del campanero y el capitán Febo de Cháteaupers de quien Esmeralda está enamorada. Frollo, atraído por la bailarina, pide a su protegido Quasimodo que la rapte. Sin embargo, la intervención del capitán Febo impide la consumación del secuestro y lleva a Quasimodo a la condena del suplicio público. Quasimodo es azotado en la plaza, y recibe todo el odio y los insultos del pueblo, que lo detesta por su fealdad. Pero Quasimodo pide agua y la gitana Esmeralda es quien, apiadada, sube al patíbulo para calmar su sed. Entonces, del ojo seco y encendido hasta entonces de Quasimodo, se desprende una lágrima en agradecimiento hacia la gitana. Pero Frollo se siente frustrado por el secuestro fallido, y celoso del capitán Febo, lo apuñala en el momento en que se hallan juntos Febo en una habitación con Esmeralda. Pese a que Febo no muere, la joven es acusada del crimen, y se la condena a la horca, mas durante su arrepentimiento público, previo a la ejecución sin que nadie se hubiera preocupado por él, Quasimodo se ingenia para rescatar a Esmeralda atando fuertemente a las columnillas de la galería una gruesa cuerda de nudos cuyo extremo colgaba hasta la escalinata. Cuando los ayudantes el verdugo se disponían a ejecutar la flemática orden de Charmoule, saltó al otro lado de la balaustrada de la galería, cogió la cuerda, corrió hacia los dos verdugos hasta derribarles con sus enormes puños para coger a la gitana de una mano, y de un solo salto llegar hasta la iglesia, alzando a la joven sobre su cabeza y gritando con voz estentórea: "¡Asilo!". "¡Asilo! ¡Asilo!" repitió la muchedumbre y diez mil aplausos hicieron refulgir de alegría y de orgullo el único ojo de Quasimodo.
Tras otra serie de hechos la historia acaba con la muerte de Quasimodo sobre el cadáver de Esmeralda cayendo del campanario de la Catedral...

El hombre elefante (The Elephant man) es una película estadounidense del año 1980, dirigida por David Lynch. La película rodada en blanco y negro y basada en hechos reales, se desarrolla en la Inglaterra del siglo XIX y narra la vida de Joseph Merrick, personaje que se hizo célebre en su época por las terribles deformidades que padecía y por su notable bondad e inteligencia. Aunque todavía no se sabe con absoluta certeza, se cree que Joseph Merrick pudo padecer una grave variación del síndrome de Proteus, del cual representaría el caso más grave conocido hasta el momento, a causa de un accidente que tuvo su madre antes de darle a luz.
Según su propio testimonio, recordaba que de niño nunca pudo jugar con sus compañeros de colegio puesto que sus piernas y su cadera deformadas se lo impedían. A partir de entonces el coraje y la valentía para sobreponerse a su atroz enfermedad serían las constantes que definirían su vida. Su madre, Mary Jane, se empeñó en escolarizarlo. Ella, aunque procedía del campo y de familia muy humilde, sabía leer y escribir y colaboraba dando clases dominicales a los niños que no podían acudir a la escuela durante la semana porque tenían que trabajar. Como las deformaciones de Joseph empezaban a ser ya espectaculares, muchas personas le hacían corros en la calle para observarlo, hecho que hizo que Mary Jane lo llevara y trajera personalmente del colegio. También lo llevaba consigo cuando daba clases en la escuela dominical. Así Joseph pasó toda su infancia literalmente pegado a su madre. A la muerte de su madre, se queda completamente solo y en este punto es donde comienzan todos sus padecimientos. Su padre volvería a casarse con una viuda con dos hijos. Su madrastra y hermanastros no lo aceptaron y, además de las vejaciones continuas que le propinaban, le exigieron que trabajase y ganase dinero para contribuir al sustento de la familia. Le reprochaban continuamente que se escudaba en sus malformaciones para no tener que emplearse y así poder hacer el haragán. Joseph recordaba que su madrastra solía quitarle el plato de comida cuando todavía estaba a medio terminar recriminándole que con lo poco que aportaba al hogar, lo que se había comido era mucho más de lo que merecía. Ante la insistencia de la madrastra, y gracias a la colaboración de su tío Charles Merrick, Joseph consiguió emplearse en una fábrica de puros en la que estuvo trabajando durante dos años hasta que su gigantesca y deformadísima mano derecha le impidiera seguir liando hojas y, consecuentemente, lo despidieran. Su padre, al que posteriormente en su autobiografía le reprocharía que nunca lo quiso como a un hijo, le consiguió una licencia de vendedor ambulante. Con un carrito, Joseph recorría las calles de Leicester vendiendo artículos de la mercería de su padre. En pleno desarrollo de la adolescencia, las dolencias de Joseph iban a más y su aspecto era ya impactante y su labor como vendedor era un fracaso total. La gente o no le abría la puerta porque ya sabían que era él el que llamaba o no le compraban nada arguyendo que no lo entendían. Los sucesivos ultimatos de su madastra a su padre y una última paliza hicieron que Joseph se marchara de casa para siempre a la edad de 15 años. Tras otra serie de sucesos decide que exhibirse en las ferias es la única salida para él. La idea no le gustaba nada pero sabía que no tenía otra opción. Supo por el periódico que un conocido promotor de ferias llamado Sam Torr estaba en Leicester y decidió escribirle contándole su situación. El promotor en cuanto lo vio lo incorporó en su feria y así Joseph empezó su andadura por Inglaterra exhibiéndose. Su número era una gran atracción. El doctor Frederick Treves, interesado en las deformaciones vio a Joseph por primera vez en las postrimetrías de 1884 cuando se exhibían delante del London Hospital. La exhibición en Londres continuó hasta casi la primavera de 1885, cuando fue cerrada por las autoridades. No era la primera vez que la exhibición de Joseph era clausurada por encontrarla indecente debido al sorprendente aspecto que tenía. En casi todos los lugares donde trabajaba, su exhibición era cerrada. Viajó a Bélgica, pero allí las prohibiciones de exhibirse eran aun más duras con lo cual decidió regresar a Inglaterra. Llegó a la estación de Liverpool Street en Londres hacia las siete de la mañana de un día de diciembre de 1886. Al bajar del tren la gente se dio cuenta de su presencia y le empezaron a increpar, a hacer corros e intentar quitarle la gorra con el velo que escondía su cara. Joseph intentó escapar inútilmente. Cuando llegó la policía, Merrick estaba al borde de un ataque de locura, hablaba atropelladamente y no se podía hacer entender. No conocía absolutamente a nadie en Londres y no conocía la ciudad ya que a pesar de haber recorrido toda Inglaterra jamás salía de su caravana o de su lugar de exhibición. A las preguntas de la policía sólo acertó en enseñar la tarjeta del doctor Treves que había conservado durante casi dos años. Treves fue llamado a la estación y se lo llevó consigo al London Hospital que en realidad no admitía pacientes crónicos. Pero el director del hospital tuvo la idea de insertar un anuncio en la prensa solicitando ayuda económica para hacer un fondo para Joseph y así justificar su internamiento en el hospital de por vida. La respuesta de la sociedad inglesa fue un éxito; se recibieron cuantiosas sumas de dinero. Solucionado el tema económico, se habilitaron unas habitaciones para Joseph que se convertirían en su último hogar. Nuevamente logró cotas de repercusión impensables cuando la propia Alexandra, Princesa de Gales, y el Duque de Cambridge se interesaron personalmente por la suerte del infortunado Merrick. Sería ahí donde Merrick, una vez alcanzada la paz que tanto había ansiado, se dedicó a sus dos grandes pasiones: la lectura de novelas románticas y la escritura. También, pronto, y persuadido por Treves, Merrick comenzó a recibir visitas, a las cuales siempre sorprendió con su extraordinaria educación y sensibilidad. De entre las numerosas personalidades con las que se entrevistó destaca la de la Princesa de Gales, a quien recibió en varias ocasiones.
Una mañana de Abril de 1890, a los 27 años de edad, en la etapa más feliz de su vida, Joseph Carey Merrick fue encontrado muerto en su cama. Treves, tras un examen, concluyó que murió de asfixia al quedarse dormido.

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada
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Un cuento ¡puaj!

En la misma página de la entrada anterior os podéis encontrar con cuentos ilustrados bellísimos y fantásticos aunque éste que os dejo aquí, como que da asquete, aunque te divierte:



El bigote del abuelo

El abuelo tiene pelos
en la nariz–
realmente le crecen allí.
Crecen
crecen
y crecen
tanto tanto que
la gente piensa que el abuelo
tiene bigote
porque se lo engomina
de tal modo que cruje un poco
cuando se ríe.
También hace que ronque
pero la abuela no se preocupa.
La abuela no puede oír.
¡Tiene demasiados pelos en las orejas!

By Calef Brown
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Lo que nos hace humanos




Existe actualmente un debate acerca de qué es lo que nos hace humanos. Algunos paleontólogos consideran que lo que nos hace humanos es el empleo de herramientas. Si entre los restos fósiles de un "homo" no encuentran herramientas de ningún tipo dan por sentado que no las utilizaban y por lo tanto no podrían ser ubicados en la línea del homo sapiens. Es posible, dicen otros, que los antepasados del homo faber u homo habilis, que sí usaban herramientas perdurables, aquellos "homos" más antiguos, dicen, es posible que usasen herramientas pero que por sus características se descomponen con el tiempo, como hacen los chimpancés: ramas, hojas, barro, y demás materiales perecederos. No están de acuerdo por tanto con la idea de que el útil hace al hombre como parece que ha dicho el famoso paleontólogo Louise Leakey una vez. Lo único que nos diferencia de los animales, dicen, es nuestra capacidad para crear cultura, escribir nuestra historia, pero no el uso de herramientas.
Lo cierto, en mi opinión, es que ambas cosas, en nuestro caso, irían juntas. El uso por sí mismo de herramientas no es lo que nos hace humanos porque es muy cierto que muchos animales cada cual a su manera emplea herramientas o al menos emplea materiales de su entorno para distintas cosas, como por ejemplo para construir sus nidos y guaridas. Pero la unión entre nuestra capacidad para crear cultura o nuestra capacidad cultural (o simbólica) influye en nuestra manera de emplear y desarrollar herramientas algo más sofisticadas de las que jamas podrá desarrollar ninguna otra especie animal, lo que no nos convierte en superiores a ellas, pero sí en diferentes. Y a medida que desarrollamos esas nuevas herramientas nuestra concepción del mundo cambia y cambia nuestra cultura y nuestra sociedad. En nuestro caso ambas cosas se han unido dando lugar a algo completamente nuevo en el mundo, nuestras civilizaciones, con sus cosas buenas y sus contras, contras que saltan a la vista cuando pensamos en cómo están las cosas hoy en día y quizás por el abuso en el uso y desarrollo de herramientas...
Personalmente siento fascinación por las herramientas. Me gusta observar al fontanero cuando arregla las tuberías, al arquitecto cuando desarrolla sus planos, al sastre cuando corta la tela y confecciona una ropa, etc.
He encontrado una página preciosa, aunque en inglés (casi todo en internet está aun en inglés), en la que el autor ha montado una exposición virtual de herramientas y útiles de trabajo que ya no se emplean en el diseño gráfico y la ilustración, que es mi profesión. Los que comprendáis bien el inglés podréis daros un banquete de información visual y escrita clicando en cada imagen. Los que no, solo visual. Vale la pena hacerle una visita. Clicad aquí y bon voyage.
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28 octubre 2008

Los Estados Unidos del Ánimo

Quizás te hayas preguntado alguna vez por qué tu humor cambia. De pronto te sientes contento, luego te ofuscas, luego te desanimas, luego te ríes a carcajadas, vuelves a sentirte alegre y optimista, o te enfadas, o te sientes triste y lo ves todo negro, oscuro y muy oscuro, pesimista... Te crees que solo a ti te ocurre, pero a todos nos pasa exactamente lo mismo. Nuestro estado de ánimo fluctúa, como la marea. Sube y baja. Está embravecida o calma. Chisporroteamos como la espuma, a veces como fuegos artificiales, otras veces nos hundimos en un pantano de penurias y no queremos ni levantarnos de la cama. ¿Por qué no nos mantenemos de un humor estable?
Bueno, hay personas cuyo humor fluctúa más que el de otras. Hay personas más estables y otras más cambiantes. También hay personas que tienen más sentido del humor que otras y esto puede tener que ver con la cultura, aunque no siempre ni necesariamente. Pero lo normal es que todo lo que nos ocurre influya de alguna manera en nuestro estado de ánimo. Sería raro que una persona no se alegrase cuando todo le va de perillas o que no se asustase ante el peligro o no se enfadase cuando desaprueba algo, o no se frustrase o amargarse cuando siente que el mundo está patas arriba y todo le sale al revés de lo que esperaba.
¿Y dónde se producen esos cambios de humor? ¿En la cabeza, en el estómago, en el rostro, en el corazón, en el "alma"? El origen del término humor viene de la teoría de los cuatro humores del cuerpo de la medicina griega, que según ellos regulaban el estado de ánimo: la bilis, la flema, la sangre y la bilis negra o atra bilis. Lo cierto es que todo pasa antes que nada por nuestro cerebro que es el que controla, evalúa, elabora los estímulos que le llegan desde dentro y desde fuera y gobierna nuestro organismo. De ahí que a veces sentimos angustia y nos duele el estómago o sentimos una opresión en el pecho, por ejemplo cuando tenemos que enfrentarnos a un examen de matemáticas, o lloramos, a veces de pena, a veces de risa, o nos ruborizamos si sentimos vergüenza. Nuestros cambios de humor se revelan de muchas maneras, y no son malos, sino todo lo contrario. Nos sirven para expresarnos, para aliviarnos, para comunicarnos, y su origen lo registramos en los animales cuyo estado de ánimo también cambia. Es por tanto algo que tiene que ver con la parte más primitiva de nuestro cerebro, pero que nosotros, a diferencia de los animales podemos también expresar en palabras, definirlos, controlarlos y estudiarlos. La parte más primitiva de nuestro cerebro, el llamado "cerebro reptilíneo", se encarga de los instintos básicos de la supervivencia -el deseo de apareamiento, la búsqueda de comida y las respuestas agresivas de enfrentamiento o huída. También se le llama cerebro emocional o protocerebro. Es decir, nuestro cerebro se conforma a partir y sin perder las formas más primitivas del cerebro propia de los reptiles, de ahí que conservemos intactas nuestras emociones.
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Niño mi niño, Daniel Viglieti (canción)


Niño, mi niño, vendrás en primavera, te traeré.
Gurisito mío, lugar de madreselvas te daré
Y aunque nazcas pobre, te traigo también;
se precisan niños para amanecer.

Niño, niñito, el hombrecito nuevo llegará
Gurisito feo, ñatita de glicina él tendrá.
Y mientras él crezca, crecerá también
el lugar de todos, será para bien.

Niño, mi niño, tu niño y aquel niño, todos van.
Rueda que te rueda hacia la vida nueva llegarán
Cada niño un poco, todos tomarán
de la misma leche y del mismo pan.

Niño, ni niño, vendrás en primavera, te traeré.
Gurisito mío, lugar de madreselvas te daré
Y aunque nazcas pobre, te traigo también;
se precisan niños para amanecer.

Para amanecer.
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Niño mi niño, Daniel Viglieti (canción)SocialTwist Tell-a-Friend

27 octubre 2008

Hacer buena letra

Hacer buena letra cuando se escribe en un teclado es fácil. Hay millones de tipos de letras, de palo o "sans serif", serifas, cursivas, en caja alta o caja baja, versalitas... Y cada letra ha sido diseñada y tiene su estructura precisa, y casi todas son bonitas.
El problema comienza cuando tenemos que escribir a mano, cosa de la que nos estamos olvidando.
Por los cuadernos de la escuela de mi hija veo que no le enseñan correctamente a dibujar las letras y combinan tipos de letra de imprenta con la cursiva normal hecha a mano. Es decir, que hay problemas de caligrafía. Eso no significa que todos debamos escribir igual. Por otro lado, con el tiempo nuestra letra va cambiando y evolucionando, y cada uno creamos nuestro propio estilo.
Sea como sea, aquí os dejo unos ejemplos de letras de imprenta y otros de letras hechas a mano para que veáis la diferencia.







Clicad en las imágenes para ampliar

La letra en cursiva de la carta pertenece a http://weblogs.clarin.com/podeti/archives/150889.php
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Mr. Edison, todo un invento


Todo empezó en Ohio, Norteamérica en 1847 con una colección de guijarros, hierbas y flores secas y un montón de tarros de cristal con una etiqueta que pone "veneno" para que nadie los toque.
Thomas Alba Edison no proviene de una familia muy rica, Su padre tiene una serrería. Tampoco va a colegios importantes sino que aprende a leer, escribir y a contar con su madre, y en sus ratos libres busca pequeños trabajos para llenar su hucha. A Tom le gusta particularmente el ferrocarril, así que se pone a vender refrescos de estación en estación (en aquellos tiempos los niños podían dedicarse a esta clase de oficios). "¿Qué hay de nuevo?" le preguntan a Tom los clientes, porque Tom toma buena nota de lo que le informan los telegrafistas de las ciudades y pueblos que recorre. Pero no solo eso. Decide crear su propia imprenta para plasmar esas noticias en hoja sueltas y las vende. ¡Es pues el editor de periódicos más joven del planeta! Pregona las noticias blandiendo en la mano su Grand Trunk Railroad Herald. No satisfecho con esto, dentro del ferrocarril y junto a la imprenta monta un pequeño laboratorio. Un día un trozo de fósforo cae el suelo y el vagón se incendia. El conductor detiene el ferrocarril y echa a Tom y a su colección de tipos de imprenta y retortas a las vías. Tom intenta continuar su trabajo en otro tren, pero por saltar del ferrocarril en plena marcha el conductor le da dos bofetadas que le rompen los tímpanos y le dejan sordo para toda la vida...
A los quince años Tom se hace telegrafista gracias a que el padre de un niño al que salva de ser atropellado por un ferrocarril le enseña su oficio. Se incia en un lugar de Canadá, Port-Huron, y aprovecha cada minuto libre para leer libros de ciencia y hacer experimentos sobre corrientes eléctricas e imanes que es lo que está de moda estudiar. Hay otros científicos estudiando el mismo tema: el francés Ampere y los norteamericanos Henry y Morse que logran mejorar en mucho el telégrafo. También Tom consigue un telégrafo "duplex" que puede transmitir dos mensajes a la vez, y en sentido inverso. Pero en el interín pierde su empleo. Tom es despedido de todas partes debido a su experimentos. Más que pobre llega a Nueva York donde un amigo le consigue un "albergue": dormir en el granero de la compañía telegráfica.
Un buen día, la compañía sufre un desperfecto y los telégrafos no funcionan. Tom consigue arreglar fácilmente el desperfecto y es contratado in situ. Pronto se le ocurre otra idea: inventar un aparato para que los mensajes queden registrados. El dueño de la compañía le paga por el aparato 40.000 dólares...
Para 1870 Tom ya es ingeniero en varias compañías y es rico. Monta un espléndido laboratorio en el que nadie puede dormir y entre todos consiguen crear 600 nuevos inventos. Un día Tom se casa y trae a su padre, ya viudo, a vivir a su casa. En 1876 monta un inmenso laboratorio en el Menlo-Park de Nueva Jersey. Allí se pone a trabajar sobre un aparato inventado por Graham Bell para curar a su mujer sordomuda y que amplifica los sonidos por medio de una gran trompeta. Es el antepasado del teléfono, que solo funciona a cortas distancias. Edison inventa entonces el microteléfono que tiene el auricular separado del micrófono y con esto consigue que se escuche el sonido desde Filadelfia. Al poco tiempo inventa también el fonógrafo. El presidente de Estados Unidos, el emperador de Alemania y hasta el Dalai Lama del Tibet le piden uno. Están todos embobados con la novedosísima máquina.
Edison no deja de trabajar. Ahora le toca el turno a la luz eléctrica. Por entonces había solo luz a gas. Tom consigue que la corriente eléctrica caliente un hilo metálico, primero al rojo vivo, luego al blanco ¡y he aquí la primera lámpara incandescente! En la noche vieja de 1878 Edison ofrece una fiesta con 3000 invitados que acuden de todas partes para ofrecerles el espectáculo de cientos de lámparas eléctricas colgadas de los árboles iluminadas mientras Edison en un rincón le daba a la manivela de su dínamo. ¡Qué maravilla! Edison tenía por entonces 32 años... Más adelante aplica la luz eléctrica a los tranvías, perfecciona la fotografía y la proyecta en una pantalla.
Edison murió a los 84 años el 18 de octubre de 1931 y así pudo deleitarse con los usos y avances de sus inventos. Pero hasta el fin de sus días no dejó de trabajar. La noche de sus funerales los norteamericanos cortaron la corriente eléctrica por un minuto para conmemorarle.



La bombilla. En abril de 1879, Edison abordó las investigaciones sobre la luz eléctrica. La competencia era muy enconada y varios laboratorios habían patentado ya sus lámparas. El problema consistía en encontrar un material capaz de mantener una bombilla encendida largo tiempo. Después de probar diversos elementos con resultados negativos, Edison encontró por fin el filamento de bambú carbonizado. Inmediatamente adquirió grandes cantidades de bambú y, haciendo gala de su pragmatismo, instaló un taller para fabricar él mismo las bombillas. Luego, para demostrar que el alumbrado eléctrico era más económico que el de gas, empezó a vender sus lámparas a cuarenta centavos, aunque a él fabricarlas le costase más de un dólar; su objetivo era hacer que aumentase la demanda para poder producirlas en grandes cantidades y rebajar los costes por unidad. En poco tiempo consiguió que cada bombilla le costase treinta y siete centavos: el negocio empezó a marchar como la seda. En la imagen, a la izquierda, dibujo de la célebre patente nº 223.898. A la derecha, una de las primeras bombillas producidas, utilitzada en una demostración en el laboratorio de Menlo Park, durante las navidades de 1879.

Fuentes
http://www.biografiasyvidas.com/monografia/edison/fotos6.htm
http://old-photos.blogspot.com/2007/08/thomas-edison.html
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Mr. Edison, todo un inventoSocialTwist Tell-a-Friend

Mary had a little lamb (karaoke)

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25 octubre 2008

Miss Potter

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24 octubre 2008

Little Nemo


Winsor McCay

Winsor McCay nacido quizás en Canadá o en Spring Lake, Michigan, Estados Unidos un 26 de setiembre de entre los años 1867 y 1871... fue uno de los más importantes dibujantes de la historia del comic y el pionero de la animación, antes aun que Walt Disney sobre el que influyó. Fue autor el clásico libro Little Nemo in Slumberland.
Comenzó su carrera de dibujante en una especie de circo o feria en Detroit y en 1889 se trasladó a Chicago donde entró como aprendiz en la National Printing and Engraving Company. Allí realizó carteles y folletos empleando las nuevas técnicas litográficas. De Chicago se fue a Cincinnati donde se casó y tuvo dos hijos mientras trabajaba para un museo local. Más adelnate comenzó a trabajar para distintos periódicos y un semanario humorístico. Su primera tira de prensa, Tales of the Jungle Imps of Felix Fiddle (que puede traducirse por Relatos de los diablillos de la jungla), apareció de enero a noviembre de 1903 en el Cincinnati Enquirer. La calidad de su trabajo llamó la atención de James Gordon Bennett, de la New York Herald Co., a instancias del cual Mc Cay se trasladó a Nueva York y comenzó a colaborar en las publicaciones de Bennett, el New York Herald y el Evening Telegram. Una de sus más exitosas tiras cómicas fue Little Sammy Sneeze (1904 - 1906), historia en la que los estornudos del pequeño Sammy producen inimaginables catástrofes.
Pero la obra maestra de McCay, Little Nemo in Slumberland, inició su publicación en la edición dominical del New York Herald el 15 de octubre de 1905, y continuó apareciendo semanalmente en el mismo periódico hasta el 23 de abril de 1911. El 30 de abril de 1911, Little Nemo pasó a publicarse en el New York American y otros periódicos propiedad de William Randolph Hearst, con el nuevo título de In the Land of Wonderful Dreams.
Little Nemo in Slumberland está considerada una de las obras clásicas del cómic de todos los tiempos. Cada página de la serie corresponde a un sueño del niño Nemo —"nadie", en latín—, y tiene una estructura recurrente: en todas las páginas, en una pequeña viñeta del ángulo inferior derecho, Nemo despierta; la página siguiente, sin embargo, retoma el sueño donde había quedado la noche anterior, lo que confiere a la serie una estructura folletinesca que permite introducir numerosos personajes secundarios y mostrar un mundo de los sueños (Slumberland) de una gran riqueza narrativa, y terminan cuando se despierta siempre en la última viñeta de la página, a veces entre llantos, cayendo de la cama, o debiendo ser atendido por sus padres.
Little Nemo fue uno de los primeros cómics en aprovechar el enorme potencial del color. McCay realiza una exploración exhaustiva de las posibilidades del medio, empleando multiplicidad de encuadres, y jugando con el formato de la página de forma espectacular y sorprendente. Su obra pone en escena arquitecturas fantásticas, elementos decorativos inspirados en el art nouveau, así como faunas y floras imaginarias, en un inacabable derroche de imaginación. Prefigurando el surrealismo y al arte del absurdo, Winsor se sirve de animales parlantes, humanos y cosas que cambian de tamaño a voluntad, el infinito como límite, la arquitectura conjugada como verbo en declinaciones gráficas que van del barroco italiano al eclecticismo, pasando por el Art Nouveau y el Art Déco. Winsor no sólo inventó la composición de página sino que además inventó el travelling en historieta (dos viñetas con fondos que se continúan), hizo a los personajes interactuar con los títulos, experimentó todo lo que quiso hasta dejar la historieta tal y como la conocemos ahora. También inventó el "continuara" en las historietas.
El éxito de la tira hizo que se realizasen adaptaciones teatrales en Broadway, y un cortometraje de animación, titulado simplemente Little Nemo (1909).
Además de la adaptación cinematográfica de Little Nemo, McCay desarrolló, a partir de la segunda década del siglo, una importante carrera como animador, en la que destacan cortometrajes como How a Mosquito Operates (1912), Gertie el dinosaurio (1914), El naufragio del Lusitania (1918) y la inconclusa The Flying House(1921). Contrariamente a lo que muchos piensan, es Winsor McCay el padre de los dibujos animados y no el afamado Walt Disney quien siempre reconoció la escuela de McCay al igual que Hergé y Sendak, otros personajes que bebieron de la influencia de Winsor.
Little Nemo fue traducido a muchos idiomas. Aquí vemos una viñeta en italiano.


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22 octubre 2008

El traje nuevo del emperador


Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.

No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.

La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».

-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.

-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.

Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.

-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

Hans Christian Andersen
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Glosario para usuarios de internet

Si no entiendes nada de lo que se habla en internet aquí te dejo una página para que hagas tus consultas, de la A a la Z.
Clica aquí.
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China es un rompecabezas


A ver si te animas a armar el rompecabezas de las provincias chinas. Clica en esta página y empieza a jugar. Claro que después habrá que buscar en algún sitio el nombre de cada provincia...
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21 octubre 2008

Espejo clonador

Existen infinidad de espejos, pero éste es un espejo clonador, para verte doble. También los hay deformantes, patas largas, panzón... Los venden en playtime.
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Gafas



Objetos para proteger los ojos de la luz existen desde el año 1.200 A.C. Los Inuit del Ártico crearon unas gafas de nieve a partir de hueso de marfil de morsa, haciéndole pequeñas hendiduras para mirar a través de ellas. En las altas culturas antiguas, incluso en época de los romanos, no había gafas. Marcus Tullius Cicero le escribe a su amigo Atticus-Cicero, uno de los más grandes autores y políticos de Roma, fallecido 43 antes de J.C. - que ahora, a la vejez, ya no puede él leer y que sus esclavos tienen que leerle todo. Plinius relataba que Nero miraba las luchas de los gladiadores a través de una esmeralda. Estas piedras preciosas de color, sirven más bien para que el ojo tenga una vista más agradable, y no para mejorar la vista. Mucho antes en la antigua China, en cambio, se usaban vidrios como gafas para ayudar mediante las fuerzas imaginarias del "Yoh Shui" a la persona que veía mal.
A partir del siglo XV, muchos pintores pintan en sus cuadros religiosos personajes de la Biblia con gafas. No queda claro si el doctor de la Iglesia Sofronius Eusebius Hieronymus, que vivió de 340 - 420 después de J. C., fue el verdadero inventor de las gafas o no. En una multitud de imágenes aparece siempre con leones, una calavera y con gafas. Desde entonces que es el patrón de los ópticos.
En los restos de las tumbas egipcias aparecieron restos de espejos metálicos que probablemente servían para desviar los rayos del sol. Las lentes positivas, por su parte, fueron usadas como lupas desde tiempos muy remotos. Los hallazgos arqueológicos demuestran que fueron utilizadas para hacer las pequeñas inscripciones que aparecieron en objetos hallados en las esfinges de la Tumba de Minos, en Egipto. En Pompeya se halló una lente de 5 cm de diámetro y se sabe que 3000 años a. C. en Mesopotamia se hacían lentes plano-convexas y biconvexas (algunas se conservan en museos como el de Berlín). Lo mismo ocurría en Creta donde se utilizaban como objetos sagrados para encender el fuego.

La relación entre la industria del vidrio y la óptica es importantísima. En el siglo XV antes de Cristo, durante el reinado de Tumes III, aparecen los primeros vasos de vidrio y esmaltes artísticos de este material.

En el siglo VI a.C. Confucio (China entre el 551 y el 479 a.C.) habla de un zapatero que usaba "vidrios" en los ojos. Esto hace suponer el uso de este material como decorativo o medicina y Empédocles de Agrigento (Sicilia hacia el año 495 a.C.) menciona por primera vez el "campo visual".

En el siglo V a.C. los griegos, romanos, árabes... conocían las propiedades de los espejos, cauterizaban las heridas con lentes positivas y para encender usaban unas esferas de vidrio llenas de agua llamadas "cristales encendedores". Quizá la primera lente que hubo en el mundo fue la que construyó Aristófanes en el año 424 a.C. con un globo de vidrio soplado, lleno de agua. Sin embargo, su propósito no era la de amplificar imágenes, sino la de concentrar la luz solar.

Los matemáticos griegos se preocuparon también por la óptica en sus aspectos geométricos. En los escritos del gran geómetra alejandrino Euclides (siglo IV-siglo III), "Optica" y "Catróptica", aparecen observaciones geométricas tan importantes como la propagación rectilínea de la luz, que él consideraba como un tentáculo lanzado desde el ojo hasta el objeto.

Arquímedes (287 -212), según cuenta la tradición, defendió su ciudad natal, Siracusa, empleando espejos "ustorios", que son espejos cóncavos de gran tamaño, para concentrar los rayos del sol en los barcos enemigos y quemar las naves de los romanos. Pero hace unos 4 años científicos británicos realizaron un experimento para comprobar si era posible y descubrieron que para que un barco se incendiara se necesitaba un espejo de 420 metros cuadrados, espejo que era totalmente imposible construir en su época.
Séneca (3 a 65 d.C.) fue el primero en mencionar la capacidad amplificadora de las lentes convergentes al describir cómo se veían las cosas a través de un globo de vidrio lleno de agua y describe los colores que se ven a través de un prisma transparente.
Aetius de Amida (siglo VI), educado en la Universidad de Alejandría, menciona la miopía en sus escritos científicos designándola como "vista corta" y haciendo la observación de que algunos miopes tienen los ojos saltones.

En la Edad Media sólo los árabes hicieron estudios sobre la óptica. Destacó sobre todo el físico iraquí, que ya mencionamos, Al-Haitham, (965-1039) conocido en occidente como Alhazen, considerado el padre de óptica moderna. Fue uno de los físicos más eminentes y sus aportaciones al sistema óptico y a los métodos científicos fueron enormes. Hizo importantes adelantos en la óptica de lentes y de espejos, realizó numerosos estudios (sombras, eclipses, naturaleza de la luz) y experimentos, y descubrió las leyes de la refracción (la refracción es el cambio de dirección que experimenta una onda de luz al pasar de un medio material a otro. Sólo se produce si la onda incide oblicuamente.) Realizó también las primeras experiencias de la dispersión de la luz en sus colores. Fabricó lentes, construyó equipos parabólicos como los que ahora se usan en los modernos telescopios y estudió las propiedades del enfoque que producen. Estuvo a punto de descubrir la teoría del aumento de las lentes que fuera desarrollada en Italia tres siglos más tarde. Estudió la propiedad que tienen los vidrios de caras curvas de aumentar las dimensiones de los objetos y experimentó con garrafas de vidrio llenas de agua la refracción de los rayos en un medio transparente. Fue el primero en describir exactamente las partes del ojo y dar una explicación científica del proceso de la visión. Contradiciendo la teoría de Tolomeo y de Euclides de que el ojo emite los rayos visuales a los objetos, él consideraba que son los rayos luminosos los que van de los objetos al ojo. Sus experimentos se aproximaron mucho al descubrimiento de las propiedades ópticas de las lentes. Fue el primero en analizar correctamente los principios de la cámara oscura que consiste en un cuarto o cajón oscuro que tiene en una de sus paredes un pequeño orificio de manera que en la pared opuesta se forma una imagen invertida de los objetos exteriores. Este aparato es el antecesor de la moderna cámara fotográfica. Además anticipó un descubrimiento: que la luz viaja con una velocidad finita. Escribió más de 200 libros, pero se conservan muy pocos, entre ellos un tratado monumental del sistema óptico, ''Opticae", que sobrevivió gracias a su traducción al latín en el siglo XIII. Este tratado no logró superarse hasta el siglo XVII y tuvo una gran influencia sobre Roger Bacon (siglo XIII), sobre Witelo (Vitellio) y sobre todos los escritores occidentales medievales. Influyó también en Leonardo Da Vinci y en Johann Kepler.
En la Edad Media tenían pasión por la luz y por los colores vivos que según ellos tenían un significad místico. Hacia el año 1000 d.C. y siguiendo las teorías de Alhazen los frailes de la Edad Media desarrollaron las llamadas "piedras para leer" (alrededor de 1000 después de J.C.)probablemente en cristal de roca, o en las llamadas piedras semipreciosas como el berilo, tallada en forma de una media esfera de modo que aumentaba la letra. En aquella época, tan sólo los sopladores de vidrio de Venecia sabían hacer cristal blanco. Del taller de los famosos sopladores de vidrio de Venecia Murano proceden, pues, los primeros cristales tallados, concebidos primero para un ojo sólo. A finales del siglo XIII, tuvieron allí la idea de ponerles un borde de madera o de concha a dos de esos cristales tallados y de unirlos con remaches, de manera que formaran una unidad. Entre 1285 y 1300: le pusieron un borde de madera, hierro, cuero, plomo, cobre, o concha a dos de esos cristales tallados y los unieron con remaches de manera para que formaran una unidad. Se les agregó un mango para mayor comodidad y se les llamó "lentes de remache". La armadura se colocaba sobre la nariz al estilo "pince-nez" o quevedos. Existen dudas sobre si fue Alexandro della Spina, un monje dominico de Pisa, o su amigo Salvino de Armati, en Florencia el primero que lo hizo. En esta época la lupa era usada por relojeros, joyeros y mercaderes de tejidos.
En la Edad Media, el tener unas gafas significaba saber mucho y tener muchos estudios.
Roger Bacon (entre 1210 -1292) fraile franciscano inglés, estudió a fondo la obra de la escuela árabe. En el año 1266 Bacon talló los primeros lentes con la forma de lenteja que ahora conocemos (de ahí su nombre). En su libro "Opus maius", Bacon describe claramente las propiedades de una lente para amplificar la letra escrita y escribe: "Esta ciencia es indispensable para el estudio de la teología y del mundo... Es la ciencia de la visión y un ciego, se sabe, no puede conocer nada de este mundo." Algunos consideran que Bacon fue el inventor de los anteojos. Comprobó que las personas que ven mal pueden volver a ver las letras si utilizan vidrios tallados.

Ya en el Renacimiento, Leonardo da Vinci, conociendo la tradición de Arquímedes, diseñó por lo menos siete máquinas para tallar espejos de gran tamaño y radio de curvatura, pero probablemente nunca construyó ninguna. Fue la primera persona que habló de la posibilidad de usar lentes de contacto para corregir problemas visuales. Tradicionalmente, se atribuye a Leonardo da Vinci la primera descripción de un dispositivo que podría asimilarse a una lente de contacto (Codex D, Folio 3, verso).

En 1451, el erudito alemán Nicolás de Cusa (1401-1464) propuso el empleo de lentes cóncavas, más delgadas en el centro que en los bordes, a fin de ver de lejos. Estas lentes se destinaron a los ojos miopes. Con la invención de la imprenta en el siglo XV, se incrementó la demanda de gafas, y hacia 1629 era lo bastante grande como para que en Inglaterra se concediesen derechos a una corporación de fabricantes de gafas.

Lo mismo que todas las demás ciencias la óptica evolucionó lenta y progresivamente hasta llegar a ser lo que es hoy en día. Los autores de la antigüedad clásica no estaban de acuerdo sobre si los rayos pasan del objeto al ojo o del ojo al objeto. Demócrito, Aristóteles, Epicúreo y Lucrecio eran partidarios de la primera teoría, mientras que Euclides, Empédocles y Tolomeo lo eran de la segunda. La idea de la emisión de rayos visuales fue indudablemente útil y avanzada para su tiempo, ya que permitió elaborar una teoría acertada de la formación de las imágenes en los espejos. Sin embargo, a partir de Newton, la Física se hizo mecanicista. Todo se basaba según él en modelos mecánicos, basados en materia y movimiento. La cuestión de si la luz está formada por partículas o es un cierto tipo de movimiento ondulatorio fue una de las discusiones más interesantes de la historia de la ciencia. Entre los defensores de la teoría corpuscular se encuentra Newton. Con ella pudo explicar las leyes de la reflexión y de la refracción. Defensores destacados de la teoría ondulatoria fueron Christian Huygens, Robert Hooke y Thomas Young.

La tendencia de la Física actual en cierta medida, es una vuelta a la elaboración científica de los filósofos de la época del esplendor griego (Platón y Aristóteles). La idea que actualmente se tiene sobre la naturaleza de la luz se resume en dos modelos:
- el que considera a la luz como una partícula material (modelo corpuscular).
- el que considera a la luz como una onda de propagación (modelo ondulatorio).
Estos modelos se han considerado antagónicos pero, sin embargo, en la actualidad se ha llegado a una situación que en ciertos aspectos engloba ambas concepciones.

Durante los siglos XVI y XVII se dio una revolución artística y científica. Los científicos empezaron estudiar la naturaleza a través de los experimentos. La óptica salió favorecida. Las gafas empiezan a considerarse como un elemento de moda, signo de opulencia, intelectualidad y sabiduría. En esta época, surgen las monturas con varillas, se añade un puente a las gafas para que descansen mejor sobre la nariz y se empieza a diversificar el uso de nuevos materiales. Se inventaron muchos instrumentos que permitían una mayor experimentación cuantitativa, entre ellos el telescopio y el microscopio.

Las lentes bifocales que se atribuyen a Benjamín Franklin (1706- 1760) estaban formadas por dos mitades de lentes: la de visión lejana y la de visión próxima montadas en un mismo aro. Cuenta la historia que cada vez que tenía que abrir un libro Franklin, debía de cambiar de lentes, lo que lo desesperaba. Mandó cortar sus lentes en dos y luego unirlos, para que así, cada vez que tuviera que leer, sólo tuviera que bajar la vista.

Este siglo nos trae las gafas con varillas, primero cortas que sujetan a presión sobre los temporales y a finales del siglo, las varillas ya son más largas y se sujetan detrás de las orejas.

En los años 20 del siglo pasado se puso de moda el uso de gafas solares. Los fabricantes de vidrio sacaron al mercado por primera vez muestrarios con una colección de lentes coloreadas. En 1929, Sam Foster, fundador de la empresa Foster Grant vendió el primer par de gafas de sol Foster Grant en el Boardwalk de Atlantic City, NJ. Su mayor desarrollo se debe a la inversión militar. Durante la década de los 30 a la empresa Baush&Lomb se le encargaron gafas para proteger los ojos de los pilotos. Más tarde, durante la segunda guerra mundial, fue Ray Ban la encargada.

Johnson & Johnson en1965 lanza al mercado las primeras lentes de contacto blandos desechables y de reemplazo frecuente con la marca ACUVUE y en la década de los 80 aparecieron las lentes de uso prolongado.

Según el libro Gafas, que acaba de publicar la editorial Pepin, hasta medio siglo después de que se inventaran las primeras gafas no se descubrió que se sostenían mejor con patillas laterales. Según este manual antes de pasar a las patillas laterales se usaron “gafas de sombrero” (sujetas a los gorros), “gafas de frente” (con una barra curvada que se disponía verticalmente sobre la cabeza y se sujetaba al pelo o peluca), “gafas de cinta” (se ataban a la cabeza con correa o cinturón). La versión china consistía en “unas que llevaban un peso atado a unos cordones de gran longitud, que se colocaban por detrás de las orejas”. La clase alta debía recurrir a los manocles (una lente que se sostenía con la mano), porque “llevar gafas en público se consideraba de mala educación”. Para ponerse “impertinentes” en el siglo XVIII sólo había que echar mano del diseño de George Adams (así llamaron a dos lentes redondas con un mango rígido instalado en un lado).

Si las gafas constituyeron hasta cierto punto un símbolo de categoría en aquellas épocas en que todavía eran raras y costosas, en el siglo XIX, cuando ya se habían vuelto relativamente baratas y corrientes, su uso pasó a considerarse particularmente inelegante, en especial entre las mujeres. Las gafas se llevaban en privado, y sólo se utilizaban en público cuando era absolutamente necesario. Hoy en día, las gafas siempre son ligeras, pero una de sus antiguas desventajas era su peso excesivo. Las gafas talladas en hueso, concha o marfil se apoyaban con tanta firmeza en las orejas y el puente de la nariz, que la correc­ción de la visión iba acompañada a menudo por fuertes jaquecas. Y esta carga se veía considerablemente incrementada por los cristales, pues incluso las monturas más ligeras debían soportar unas pesadas lentes. Sólo con la aparición de las lentes y monturas de plástico, en este siglo, las gafas pudieron usarse durante todo el día sin necesidad de retiradas periódicamente para dar un descanso a las orejas y la nariz.

En la actualidad, casi el 70% de la población tiene alguna ametropía.

Fuentes
http://inicia.portalmotos.com
http://teleformacion.edu.aytolacoruna.es
http://mata-ratas.blogspot.com
http://www.tinet.org
http://www.elsiglodetorreon.com.mx
http://www.augen.de
http://elperiodico.com/blogs
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20 octubre 2008

Del origen de los humanos...

Existe en la actualidad un debate acerca del origen del hombre, sobre la hominización y la humanización. ¿Qué datos poseemos sobre los procesos biológicos que llevan desde los primates a los homínidos y al Homo sapiens, lo que se suele llamar el proceso de HOMINIZACIÓN?
¿Y cómo hemos llegado a ser humanos? ¿Cuáles son los procesos CULTURALES que dan lugar a lo que se llama HUMANIZACIÓN? La pregunta de fondo es: ¿cómo nos hicimos humanos?

El día 30 de junio de 1860 tuvo lugar en Oxford, en la sede de la Academia para el Progreso de las Ciencias, un debate que ha pasado a la historia. Los detalles entran en el campo de la leyenda. No sabemos exactamente lo que ocurrió. Pero sí hay unos elementos que pueden considerarse históricos. Allí fueron convocados los partidarios de las ideas de Charles Darwin sobre la evolución de las especies biológicas y los partidarios de las ideas tradicionales sobre la creación bíblica. Dicen que hubo desmayos de dignas señoras victorianas e insultos entre los dignos caballeros. Según la leyenda, parece ser que alguien dijo: “si descendemos del mono, por lo menos que no se entere el pueblo”.
El día 24 de noviembre de 1859 salió de la imprenta uno de los libros más polémicos de la historia del pensamiento científico: El Origen de las Especies por la Selección Natural. Su autor, Charles Robert Darwin que entre 1831 y 1836 tuvo la fortuna de realizar un viaje alrededor del mundo a bordo de un viejo y estrecho navío movido por las velas de armada británica: el Beagle [como ya hemos hablado en algún lugar en este blog].
Cuando Darwin zarpó del puerto de Davenport, en los últimos días de 1831, tenía 21 años. Había estado estudiando teología en el Christ College y había sido convencido por su profesor de Botánica, Henslow, para que presentase su candidatura para figurar como naturalista en la expedición. Darwin en esa época era un anglicano devoto, que creía en la verdad de las Sagradas Escrituras, y creía en el Dios creador del libro del Génesis, en los días bíblicos de la creación. Pero las experiencias que durante la larga travesía le depararon, fueron poco a poco minando esas creencias. Darwin quedó fascinado por la inmensa diversidad de las especies que vivían en las selvas tropicales, así como las sustanciales diferencias con los seres vivos de Inglaterra. El contacto con los habitantes de la Tierra de Fuego, los fueguinos, le hizo dudar de la unidad de la humanidad y aventuró que eran semejantes a los monos más que a los humanos civilizados. Más adelante, en las Islas Galápagos, pudo experimentar de cerca la variedad de las faunas y floras que habían poblado esas islas volcánicas a mil kilómetros de la costa de Ecuador. ¿Cómo habían llegado hasta allí? ¿Por qué eran tan diferentes a las del continente americano? ¿Por qué en cada isla la vida tenía sus peculiaridades?
Los fósiles que fue recogiendo le convencieron del hecho de la extinción en épocas remotas de una gran cantidad de seres vivos que ya no existían y que parecían haber sido sustituidos por otros...

Hoy la comunidad científica trabaja desde el supuesto de que
1) ponemos nuestros pies sobre un universo que ha ido evolucionando a lo largo de miles de millones de años
2) que la vida aparece hace unos 3.500 millones de años, y
3) los primeros homínidos, precursores del Homo sapiens, hunden sus raíces en África hace más de 5 millones de años.

En algunos países, sobre todo anglosajones, la oposición a estas ideas es grande. Siglo y medio después de Darwin, hay todavía muchas preguntas abiertas y se mantiene el debate entre el modo de interpretar la creación y la evolución. ¿Es posible aceptar que los humanos hemos aparecido en este planeta a lo largo de un prolongado y azaroso proceso de evolución biológica, y aceptar como cristianos que somos criaturas de Dios a su imagen y semejanza?
Si se quiere conocer algo sobre los orígenes de la humanidad hay que empezar por los datos que nos suministra el registro geológico. Es necesario estudiar los restos fósiles conservados en los estratos pertenecientes a los humanos primitivos. La interpretación de estos restos y su comparación con los huesos y dientes de los humanos actuales y su comparación con los de los primates, ha dado lugar desde hace unos 150 años a una ciencia emergente: la paleoantropología que permite establecer hipótesis sobre las relaciones evolutivas entre los primates y los homínidos. Al conocimiento de los aspectos biológicos de la evolución humana se le suele llamar HOMINIZACIÓN. Pero el conocimiento de los orígenes humanos no termina con los aspectos biológicos. Existe otra dimensión, y que se refiere a los aspectos de comportamientos, cultura, ética e incluso religión, que no se reducen tan fácilmente a la biología y que constituye lo que podemos llamar HUMANIZACIÓN, el conjunto de procesos que nos ha hecho humanos. Para algunos autores, lo que podríamos llamar ampliamente como “cultura” se puede reducir a la biología. Pero ¿pueden los procesos biológicos explicar por sí solos la aparición de esos comportamientos culturales?

De acuerdo con las conclusiones de la zoología, los humanos pertenecen a un grupo zoológico (el de los Primates); y dentro de ellos, a unos Primates característicos que son los Homínidos.
Las semejanzas morfológicas, genéticas y paleontológicas llevan a afirmar que todos los Primates pertenecen a un mismo grupo con antecesores comunes.
Los primeros Primates (según los datos fósiles) aparecieron hace 65 millones de años (tras la extinción de los Dinosaurios), al inicio de la era Terciaria, consecuencia de la gran radiación de los Mamíferos.
El grupo zoológico de los Hominoideos (o Antropomorfos), dentro del que se encuadran los Homínidos, tienen un origen africano y los primeros debieron vivir hace 25 millones de años.
Los primeros Homínidos (según los datos paleontológicos) se remontan a unos 5 millones de años y vivieron en África.
Los primeros del género Homo (dentro de los Homínidos) parece ser que surgieron en África hace unos 2,3 millones de años.
Según los datos fósiles, se distinguen varias especies dentro del género Homo. De ellas las más importantes son Homo habilis (sólo africano, de hace 2 Ma), Homo erectus (de África y Asia, y tal vez Europa, de hace entre 2 Ma y 200.000 años); H. heidelbergensis (desde 800-400.000 años), H.sapiens neanderthalensis (de Europa, entre 400 y 30.000 años), H. sapiens sapiens (desde hace unos 40..000 años hasta hoy, es el único Homo existente).
Se suele hablar de “Humanidad moderna” la que se extiende desde Etiopía hace unos 500.000-300.000 años con Homo sapiens arcaicos.
No está muy claro el origen de H. sapiens sapiens. Hay poca documentación fósil. Se conocen restos fósiles de H. sapiens arcaicos de 120.000-90.000 años de las cuevas Border en Sudáfrica y en Israel.
Parece ser que hubo diferentes migraciones de Homo desde África y Asia a través de los tiempos. La última migración pudo ocurrir hace unos 10.000 años (la revolución neolítica).
Hace unos 50.000 años los humanos llegan a Australia. Hace 45.000-35.000 se extienden por Europa y Asia. Hace 40.000 años los humanos están en Cataluña y Cantabria. Hace 30.000 años, conquista de Rusia y Siberia. Desde allí, hace unos 27-30.000 años llegan a América (desde Siberia).
En Europa (y tal vez Oriente Medio, entre 400 mil y 30 mil años) vivieron los H.sapiens neanderthalensis que ueden ser subespecies más robustas. Los últimos desaparecen hace 30.000 años. Los más modernos proceden del sur de España.
El llamado Hombre de Cro-Magnon es un sapiens europeo de hace unos 25.000 años que tiene interés sólo para los aspectos de prehistoria. Podrían haber llegado de Asia Central.
Un problema aún no resuelto es el del origen de la llamado Humanidad moderna. Hay dos hipótesis: la de la Eva africana y la del origen multirregional.
Los datos genéticos muestran que no existen razas biológicas humanas, sino polimorfismo accidental leve. Por ello, el racismo, como presunta ciencia, no tiene fundamento alguno.
Lo novedoso: En los últimos 25 años, hay nuevos problemas sobre los orígenes humanos:
1) Se han renovado y multiplicado los descubrimientos de fósiles humanos, no solo en África, sino también en Indonesia y en China.
2) Lo mismo sucede en España, en la localidad de Atapuerca, donde las sorpresas son nuevas cada año y donde se sigue indagando el rastro de los “primeros europeos” de 800.000 años.
3) Se siguen investigando las raíces lejanas de la humanidad. En estos últimos años han surgido fósiles que hoy algunos opinan que puede tratarse de un gorila. La aparición en la Isla de Flores, en la lejana Indonesia, de restos de humanos “enanos”. ¿Hubo un humano de tamaño pequeño hace 14.000 coincidiendo en el tiempo con los humanos de tamaño grande?
4) Y el última hallazgo: en septiembre de 2006 se anunciaba que en Dikika (Etiopía) había aparecido un esqueleto de 3.3 millones de años. Pertenece a una niña (a la que han puesto de nombre Selam (que significa Paz) del que consta que podía andar sobre sus dos piernas. Su cerebro parece tener entre 275 y 320 cc y pertenece a los Australopithecus afarensis, como la mítica Lucy.
5) Hoy se ha avanzado mucho en el conocimiento de las sucesivas migraciones de la humanidad por el mundo, la posición de los Neandertales y su relación con los sapiens.
6) Un sexto tema de actualidad es el de la evolución de la llamada Humanidad moderna (desde hace 200.000 años) y sus relaciones con la llamada “Eva africana”, estudiando las variaciones del ADN mitocondrial, que solo heredamos vía materna. Aquí hay una polémica entre paleontólogos y bioquímicos que está aún lejos de estar solucionada. En la prensa del mes de enero de 2007 han aparecido informaciones sobre la posibilidad de hibridación entre australopithecus y sapiens. ¿Somos un linaje puro o somos mestizos? Por otra parte, en Heraldo de Aragón (30 de enero 2007) aparece un reportaje sobre el proyecto GENO-GRAPHIC, la construcción del mapa genético de la humanidad a partir del genoma de todos nosotros.

Pero, ¿qué sabemos del origen de la humanidad, de lo que consideramos como lo “humano”? Aquí encontramos una primera dificultad: si partimos del hecho de que lo propio de la condición humana es el comportamiento y producción de “lo cultural”, ¿qué es lo que entendemos por “cultura”?
Y una vez respondida esta pregunta, ¿cómo los Homínidos llegaron a ser culturales?
Y hay una tercera: ¿dónde se pone el límite entre los humanos y los no humanos? ¿Podemos tener un acuerdo sobre cuándo aparece la humanidad en este planeta?

En 1952, los antropólogos Kluckhohn y Kroeber recopilaron nada menos que 164 definiciones distintas de “cultura”. Los filósofos, los historiadores, los antropólogos y los etnólogos contemporáneos amplían el concepto de “cultura” incluyendo también las actividades intelectuales y morales –las ciencias del espíritu o de la cultura– muy próxima al concepto de “civilización”. En este sentido, la “cultura” es una actividad propiamente humana que se contrapone en su dinámica a las actividades incluidas en las ciencias de la naturaleza.
La UNESCO la define así: "La cultura en su sentido más amplio, puede considerarse hoy como el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan a una sociedad o a un grupo social. Engloba no sólo las artes y las letras, sino también los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano y los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. La cultura da al hombre la capacidad de reflexión sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. Por ella es como discernimos los valores y realizamos nuestras opciones. Por ella es como el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, busca incansablemente nuevos significados y crea obras que lo trascienden".
Esto nos lleva a la cuestión fundamental de las relaciones entre la naturaleza y la cultura, entre lo innato (determinado genéticamente) y lo adquirido (lo que se transmite por aprendizaje).
¿Hasta dónde llega lo que pertenece a la "naturaleza" (lo que no es controlado por el ser humano y que es producto de la evolución) y lo que es propio de lo "cultural" (transmitido dentro del grupo social)? ¿Hay una diferencia solo cuantitativa entre lo biológico (lo determinado por los genes y el ambiente) y lo cultural (fruto de la socialización)? ¿puede explicarse la aparición de lo humano acudiendo exclusivamente a la biología? Dicho de otro modo: los productos que consideramos exclusivamente humanos: la autoconciencia, la reflexión, la capacidad de prever las consecuencias de nuestras acciones, la ética y la religión, el mundo de los valores, ¿se explican suficientemente atendiendo a los procesos naturales de la selección natural? ¿Existe, realmente, un sustrato común a todos los humanos? ¿Nos diferenciamos sustantivamente de los animales? ¿Cómo explicar las relaciones entre la biología y la cultura; entre lo innato y natural; y lo adquirido y cultural?

Las posturas tipo son dos: las reduccionistas y las no-reduccionistas:
1. Posturas reduccionistas
Se incluyen aquí todas las posturas que afirman que hay una total continuidad entre lo animal y lo humano, entre lo biológico y lo cultural. Es más: lo cultural está determinado por lo biológico.
2. Posturas no-reduccionistas: tienen en cuenta la singularidad humana. Pretenden explicar que los humanos poseen unas capacidades que no se deben exclusivamente a un proceso biológico. Por ello, lo humano no se “reduce”, no se explica acudiendo solo a la biología, a los procesos biológicos, a la selección natural, a la supervivencia de los más aptos.
Frente al reduccionismo biologista postulan que hay una discontinuidad entre lo animal y lo humano, entre lo natural y lo adquirido, entre la biología y la cultura. Pero existen muchas explicaciones diferentes y grados muy distintos de discontinuidad. Coinciden en que existe una singularidad humana que lo diferencia no solo cuantitativa sino cualitativamente de los animales.
Pero ¿hay alternativa?
La postura EMERGENTISTA postula una discontinuidad pero no una ruptura. Hay una inflexión cualitativa. Existe la emergencia de una realidad nueva no contenida ni prevista en el estadio anterior.
Las posturas emergentistas en filosofía de la naturaleza se han desarrollado en estos últimos 50 años con el florecimiento de la Teoría General de Sistemas de Ludwig von Bertalanffy, las Teorías del Caos y las Teorías de Catástrofes.
Para el emergentismo, la realidad no es una máquina (el viejo paradigma mecanicista) sino una realidad compleja, un sistema. Los sistemas son realidades complejas en los que la interacción entre los elementos que lo constituyen son más importantes que las propiedades individuales de los mismos elementos. Lo más típico es un ecosistema, como un bosque, en el que el conjunto presenta propiedades no contenidas en cada árbol por separado. Los sistemas poseen dos cualidades fundamentales: la homeostasis o tendencia conservadora a autorregularse; y la emergencia de propiedades no contenidas en los elementos aislados pero sí en las interacciones
En la evolución humana (que se explica de modo "natural") tiene lugar la emergencia de una novedad que supera (cualitativamente) lo puramente instintivo, genético y biológico: son los comportamientos culturales. La naturaleza humana ya no es meramente naturaleza biológica. Es MÁS que biología.

Fuente: La evolución humana. Más allá de la paleontología.
Por Leandro Siqueiros, lsequeiros@probesi.org
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